Si buscamos en la red o consultamos cualquier fuente de información encontraremos muchas formas distintas de entender el desarrollo sustentable. Incluso cada persona, dependiendo de cuáles sean sus intereses o a qué se dedique, entenderá algo distinto.


Esto en cierta forma está bien, porque a final de cuentas el desarrollo sustentable es para todos y cada quien lo adapta a su vida de distintas maneras. Por eso, más que una definición de desarrollo sustentable, lo que necesitamos es entender el concepto. Y vaya que hay una enorme diferencia entre definición y concepto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una definición debe sencilla y precisa, o sea debe permitir muy pocas interpretaciones diferentes. Además, no debe tener reglas de excepción y obviamente no puede contener la palabra que define ¿Cómo podríamos explicar el desarrollo sustentable con algo así de restringido?
Por otro lado, un concepto también se denomina como “unidad de conocimiento” es decir, es la forma como una persona acomoda todos los elementos que necesita (definiciones, imágenes, ejemplos, analogías, etc.) para comprender algo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Oficialmente, el desarrollo sustentable fue definido por primera vez en 1987 durante los trabajos de la Comisión Mundial sobre el Medio
Ambiente y el Desarrollo (CMMAD) de la Organización de Naciones Unidas (ONU). El resultado de esta comisión fue el reporta llamado "Nuestro Futuro Común", también conocido como Informe Brundtland, en honor a la entonces Primera Ministra de Noruega Gro Harlem Brundtland quien presidió la comisión. La comisión logró comunicar a la Asamblea General de la ONU que la pobreza generalizada y la degradación social en el mundo estaban directamente relacionadas con la degradación ambiental y la destrucción de ecosistemas. Por lo tanto, el desarrollo económico de las naciones debería estar equilibrado con la conservación de la naturaleza.

 

Aunque ahora parezca obvio, apenas en 1987, lograr que la comunidad internacional pusiera más atención en los problemas ambientales fue un logro muy grande. Los antecedentes de este esfuerzo son muy recientes; tal vez demasiado recientes para lo apremiante
del asunto. Sobre todo si tomamos en cuenta que personalidades como Benjamin Franklin, desde mediados del siglo XVII alertaron a la gente de los problemas de salud pública que la contaminación de las ciudades generan.

Con todo esto, la publicación de "La Primavera Silenciosa" (The Silent Spring) por la bióloga y escritora estadounidense Rachel Carson en 1962, se marca como el inicio del movimiento de la comunidad internacional hacia la sustentabilidad. En este libro, Carson resalta el efecto del DDT (pesticida) sobre la vida silvestre.

A continuación, se muestra una línea histórica con los eventos históricos más importantes que están detrás de los esfuerzos actuales de la comunidad internacional en desarrollo sustentable

 

 

 

 

 

 

 

Por eso insistimos en que se deben dominar los conceptos y no tanto las definiciones. A final de cuentas, nada en la realidad se comporta tan categóricamente como para poder describirlo con una sola frase. En particular porque el desarrollo sustentable implica un cambio de paradigmas en todas las áreas de la realidad humana; busca transformar, desde la forma en que producimos nuestros bienes o construimos nuestras comunidades, hasta cómo nos relacionamos con los demás.


Por eso, debemos aterrizar la definición del Informe Brundtland, que es algo muy teórico, en conceptos prácticos y aplicables a cada sector productivo de la economía y en cada esfera de la humanidad. Para empezar a construir el concepto de desarrollo sustentable, comenzamos por diseñar nuestra propia definición:

 

 

 

 

 

 

 

Esta definición es una variación del modelo de “Triple Línea Base”. Descrito formalmente por John Elkington y que permite determinar las prioridades del desarrollo sustentable. Sin embargo, no añadimos un cuarto elemento que es crucial, la gobernanza de las instituciones. Para que realmente haya un desarrollo sustentable, este punto de equilibrio del que hablamos no puede depender exclusivamente de la voluntad de las personas; debe estar garantizado por el mismo funcionamiento de nuestras instituciones (familia, empresa, gobierno, ciudad, etc.). Solo entonces, sabremos que se ha logrado la transformación de nuestra sociedad de una manera integral y duradera.

Claramente indica que no se trata de darle más importancia a la conservación de la naturaleza o al crecimiento económico. Tampoco, como antes sucedía con el ambientalismo, de darle prioridad a la naturaleza sobre la gente. Es simplemente entender que si el entorno natural se degrada, deja de producir los recursos naturales que mueven a la economía y que sostienen a la sociedad. Sin no hay naturaleza, no hay negocios y no hay gente, así de sencillo.

 

 

 

 

 

 

 

¿Cómo se alcanza este punto de equilibrio del cual hablábamos? Para empezar hay que tener metas claras. Debemos tener bien claro qué es lo que buscamos cuando hablamos de desarrollo social y económico o persistencia de los ecosistemas. A partir de aquí hay que tener en mente 4 palabras:

 

 

 

- Desarrollo humano incluyente y participativo

- Construir capacidades locales

- Mantener el capital cultural y la identidad social

- Máxima eficiencia.

- Persistencia de ecosistemas y servicios ambientales.

- Obtimizar el uso de recursos naturales.

- Desarrollo, no crecimiento.

- De corto, mediano y largo plazo.

- Prevalencia de la economía de producción sobre a economía del dinero.

- Más que sumar voluntades, construir estructuras.

- Formar instituciones que funcionen sustentablemente.

 

 

 

 

 

 

 

Una vez que se tienen estas cuatro palabras en mente, y se entiende lo que implican, tomar decisiones sustentables o determinar qué tan sustentable es algo, se vuelve una cuestión de sentido común.

 

 

 

 

 

 

 

Donde más hemos fallado como sociedad es en garantizar que toda persona, pueda asegurar su desarrollo humano con su trabajo. Hemos llegado al punto en el que a millones de personas se les niega la oportunidad de trabajar para vivir, porque son “diferentes”.

El desarrollo sustentable es ante todo incluyente. Debemos garantizar que todo ser humano tenga la oportunidad de ser parte de ese desarrollo. Debe ser participativo; cada individuo debe poder transmitir su identidad a los demás y formar parte de la construcción de la comunidad en la que vive.

Desarrollar capacidades locales implica que la economía de un país dependa, principalmente, de dotar a su población de capacidades suficientes (educación, empleo, etc.) para ser parte de un sistema productivo y de un modelo económico acorde con su realidad, que le permita generar lo necesario para vivir dignamente.

Por último, hablamos de mantener el capital cultural y la identidad social. Ambos, al igual que los ecosistemas y sus servicios ambientales, son recursos que generan directa e indirectamente riqueza y servicios no monetarizables. De igual manera, su degradación y pérdida también implican serios costos para un país; difíciles de cuantificar o reparar. Imagina por un instante qué sería de tu país si perdiera sus tradiciones, su historia y su acervo cultural. Pues eso, creas o no, en parte está sucediendo producto de la dinámica económica global.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una gran diferencia entre los procesos de la economía humana con los procesos naturales, es que la naturaleza opera estrictamente bajo la máxima eficiencia de partes y procesos. Es decir, en la naturaleza, nada sobre y nada se desperdicia y cada proceso que tiene lugar se hace con el mínimo uso de energía y recursos.

Evidentemente estamos muy lejos de eso, sin embargo, para ser sustentables debemos tender a eso, a que el aprovechamiento de un recurso natural se haga con la máxima eficiencia posible. A final de cuentas, la contaminación y la generación de residuos no es otra cosa que el resultado de procesos poco eficientes, y por ende, caros.

Mantener los servicios ambientales y los ecosistemas que los soportan, es hablar de rentabilidad. A final de cuentas, la economía humana se mueve a partir de transformar recursos naturales en bienes y distribuirlos, en teoría de la manera más eficiente posible. De acuerdo con un estudio, el valor monetarios de los servicios ambientales, si la humanidad tuviera que suplirlos con procesos industriales, tendrían un costo dos veces mayor al PIB mundial. Por eso, dentro de nuestros modelos económicos, debemos incluir el costo de mantenimiento de los servicios ambientales y de la conservación de los ecosistemas que los proveen. De otra forma estaríamos haciendo una estimación falsa que en el mediano y largo plazo, podrían tener efectos severos sobre el balance de la economía mundial.

 

 

 

 

 

 

 

Aquí tal vez se necesite el cambio de mentalidad más importante. Debemos dejar de pensar en crecimiento y empezar a pensar en desarrollo. Tal vez suene igual pero son palabras fundamentalmente distintas. Crecer implica, solamente ser más grande; desarrollarse implica ser mejor.

El problema de fondo de la pobreza mundial es que el sistema económico actual no contempla la distribución de la riqueza porque su objetivo es ser más grande, no mejor. Esto tiene dos serias implicaciones. Por un lado, no exige que todos tengamos el mismo acceso a la riqueza para poder garantizar nuestra subsistencia y vida digna. Por otro el otro, al tener como objetivo crecer lo más rápido posible, no se tiene la visión de asegurar la capacidad de poder crecer en el largo plazo. Por eso, los recursos naturales se explotan a ritmos mayores que su capacidad de renovación y son aprovechados por quien tiene dinero para pagar hoy, o por quien tiene acceso a esos recursos y requiere dinero hoy sin importar si tendrá forma de generar dinero mañana.

 

 

 

 

 

 

 

 

Al hablar de que el desarrollo sustentable debe ser medular, nos referimos a que debemos buscar que todas las instituciones de nuestra sociedad estén diseñadas de tal forma que podamos garantizar que su forma de proceder sea siempre sustentable. Hay que revolucionar la estructura de nuestras empresas, escuelas, gobiernos y demás instituciones para que el desarrollo sustentable sea la estructura en torno a la cual están organizadas.
Hoy en día, prácticamente todo el mundo está consciente de que debemos ser sustentables. Sin embargo, para la gran mayoría resulta demasiado difícil hacer algo porque todo parece funcionar de manera contraria al desarrollo sustentable; las leyes, los modelos de negocio, los sistemas de administración en fin, todo parece un obstáculo para la implementación de acciones sustentables. Por eso necesitamos desarrollar estructuras nuevas, que sean capaces de responder a los objetivos del desarrollo sustentable.

 

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